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Las puertas del popular bar Guillermo, de la calle Pintor Velázquez 21, están abiertas desde el 31 de agosto de 1956.

Por Alfredo Aracil, Diario Las Provincias, 29 de Agosto de 2006

El Guillermo es el bar de toda la vida, el establecimiento familiar que, con el paso del tiempo, se ha consolidado y ha sabido combinar lo tradicional, lo casero, con la calidad, el esmero y el excelente trato. A lo largo de años, Guillermo se ha sentado a diario junto a una mesa para preparar como él solo sabe hacerlo su ensaladilla rusa. Así, día tras día. De la misma forma que era habitual que acudieran aficionados herculanos, jugadores, directivos y periodistas para tomar una tapa o comer un buen plato casero. Tan casero, tan alicantino, como la vista del Alicante antiguo que preside la barra.

La ocasión de abrir su propio bar le llegó a Guillermo a través de una confidencia por la que le revelaban que el popular bar Pelaílla, de la calle Pintor Velázquez –a muy escasos metros de su habitual lugar de trabajo– se quedaba libre. A pesar de que la situación, el momento, la oportunidad, todo ello en conjunto le llegaba de manera precipitada y a la misma vez, y como tal lo había de asumir, lo estuvo madurando durante algún tiempo –no mucho, sino más bien el justo– junto con su esposa, Paquita Beviá Marín, también alicantina, que ya le había dado a Guillermo, el primer hijo.



Ilusión


Pero él había decidido dejar su trabajo de barman por cuenta ajena, al que estuvo ligado durante 14 años y convertirse en su propio jefe, compañero y asalariado. A su experiencia añadía la ilusión y el deseo de demostrarse a sí mismo que era capaz de salir airoso.

Guillermo Maciá pensaba que, por un lado, se convertía en empresario y, por el otro, había de procurar que todas las semanas la caja del establecimiento aportara lo suficiente como para ayudar a los gastos del mantenimiento del negocio y los propios del hogar.

De este modo, el 31 de agosto de 1956 el nuevo y flamante bar Guillermo abría sus puertas con la esperanza de que los alicantinos lo acogieran, con el mismo entusiasmo con que él lo ponía a su disposición. Uno tras otro han transcurrido cincuenta años. Medio siglo. casi una vida. En muy pocas ocasiones se asiste a la celebración de nada menos que las bodas de oro de un bar-cervecería, cuya continuidad, dentro de la rama familiar, no suele ser muy habitual.

A lo largo de este periodo, la doble familia aumentó considerablemente. Al hogar de Guillermo y Paquita llegaron dos hijos más: Paco y Juan Carlos. Mientras que al bar Guillermo acudieron hasta nueve empleados, que todavía permanecen y atienden la cocina, la barra y las mesas. El hijo mayor eligió la profesión de médico y como tal ejerce, mientras que el menor tiene su empresa propia de electricidad.

La suculenta y apetitosa oferta de Paquita en la cocina y el trato de Guillermo tras el mostrador, calaron en el ánimo de los primeros clientes. Poco a poco los alicantinos se percataron de que la conversión del veterano local de la calle del Pintor Velázquez, esquina a la de Juan de Herrera, ofrecía buenas tapas y singulares y variados aperitivos.

 

¿Cuándo y cómo entra usted en el mundo de la hostelería?

–Con 12 años recién cumplidos. En el bar Nacional; estaba en la calle San Fernando. Pero solamente para llevar los niños del jefe al colegio. Me facilitaban la comida, pero no pude aprender nada del oficio.

–¿Cuánto tiempo permaneció así?

–Dos años. Luego pasé al bar Consuelo donde estuve catorce años.

–¿Por qué lo dejó?

–Porque aproveché una oportunidad que se me presentó, para independizarme.

–¿Cómo valora ese tiempo?

–Mis catorce años de experiencia en el bar Consuelo me sirvieron de mucho.

–¿A dónde se marchó?

–Muy cerca del lugar que dejaba. Pasé de la calle Capitán Segarra a la de Pintor Velázquez.

–¿Cuánto dinero desembolsó?

–Por el traspaso pagué cien mil pesetas. Luego hubo más gastos con el acondicionamiento del local.

–¿Ha valido la pena?

–Por supuesto que sí. He podido sacar adelante a una familia que hoy sería numerosa y conseguido un gran número de amigos.

–¿Qué lugar ocupa el trabajo realizado, el esfuerzo de cada día?

–Indudablemente el más importante. De no haber sido así las cosas no habrían discurrido como lo han hecho. Todo trabajo requiere dedicación, constancia y entrega.

–¿Qué fue lo primero que ofertó?

–Las croquetas de bacalao, calamares a la romana, ensaladilla rusa y los callos, que pronto gozaron del agrado y de la buena acogida de los clientes.

–¿Y después?

–Nos amoldamos a las necesidades y exigencias de los clientes sin dejar la tradición. Ahora disponemos de carnes, pescados, mariscos, fiambres, quesos, vinos y licores.

–¿En qué ha variado el sistema?

–Actualmente ha descendido el aperitivo. Un ejemplo es que yo consumía cada año más de cien cajas de botellas de picón, que era una bebida típica. Ahora una caja me dura dos años.

–¿Habrá continuidad?

–Mi nieto, el hijo de Guillermo, tiene 18 años y está en la Universidad. Al bar sólo viene a picotear. Ya veremos.

 

Paquita Beviá, la reina de la cocina.

 

Cuando su marido, Guillermo Maciá, le pidió parecer para tomar en traspaso el bar Pelaílla y convertirlo en el bar Guillermo, con la condición de que ella le ayudara en la cocina, ella, Paquita Beviá, le respondió que, adelante, pero solamente un par de años, porque el primero de sus hijos tan sólo tenía seis meses y requería de los cuidados especiales de un bebé.

Pasaron los dos años, y otros muchos. Vinieron dos hijos más y a todos los crió entre fogones, ollas, sartenes y platos típicos. Todavía hoy, después de tantos años, no puede evitar, cada vez que se asoma por el establecimiento, que desde hace varios años regenta su hijo Paco, asomarse a la cocina y pasar revista.

Su habilidad y buen gusto para preparar la ensaladilla rusa, las croquetas de bacalao, la pericana, las albóndigas, los distintos mulladors , los calamares a la romana, los callos, junto con los salazones y embutidos, la han hecho acreedora del merecido título de reina de la cocina . Tanto es así que los clientes, casi, casi, llegaron a obligarle con ruegos y peticiones cariñosas ,a que se esforzara mucho más para deleite y disfrute de quienes lo paladeaban y les ofreciera los sabrosos y exquisitos platos tradicionales de cada lugar de nuestro provincia.

Accedió al envite y ahora en vistas del éxito alcanzado, cada día se ofrece un plato típico de la terreta, distinto. De esta manera, tanto la olleta, como las lentejas, cocido, arroces en sus distintas modalidades, borreta, potaje, y otros muchos típicos y tradicionales platos de la Montaña, la Vega Baja o La Marina, aparecen en el menú diario.

El local, desde su inauguración, hace cincuenta años, ha sufrido varias reformas. La última y más notable, en la que Paquita tuvo mucho que ver, por su notoria influencia en el destino al que se iba a abocar y al resultado que podría aportar, cuál era el acondicionamiento de la parte alta como comedor.

El riesgo fue superado con éxito y la experiencia no pudo resultar más satisfactoria. Hoy se considera un triunfo de Paquita Beviá.

 

Guillermo Maciá Durá

Por Juán Navarro, Diario Las Provincias, 18 de Febrero de 2007

 

La guerra civil fue muy dura en Alicante. Por la noche llegaban los aviones y tiraban bengalas para iluminar el territorio y poder descargar las bombas con su puntería mortífera. El 26 de mayo de 1938, día del bombardeo del mercado de Alicante, yo estaba en la academia de don Varó y nos sacaron a todos los niños para llevarnos al refugio. La guerra y sobre todo la posguerra marcó a toda mi generación. Yo apenas tenía seis años cuando empezó y nueve cuando terminó. Fueron tiempos muy duros. Afortunadamente quedaron atrás”.

Guillermo Macià Durá nació en Alicante el 6 de noviembre de 1929. Sus padres, Guillermo Macià Garrigós , de Xixona y su madre, Soledad Durá Cerdá , que había nacido en Castalla, se instalaron en Alicante a principio de los años veinte, en una casa de la calle de Cánovas del Castillo, en el barrio de Carolinas. “Mi padre era cochero. Tenía un carruaje de caballos, siempre cerca del Casino de Alicante, en la Explanada”. Al padre le toca la lotería y adquiere dos coches de caballos, aumentan el negocio, hasta que la aparición del automóvil deja obsoletos a los carruajes.

El primer colegio donde acude Guillermo estaba regentado por dos maestros que a su vez eran propietarios del herbolario de Alfonso el Sabio. Posteriormente acude a la academia de Don Varó y más tarde a un colegio público llamado Calvo Sotelo cuyo director era Juan de Dios Aguilar , posteriormente director de Radio Alicante.

Era habitual en aquellos años que las familias no enviasen a estudiar carreras superiores a sus hijos e incluso no se acababa el bachiller. Guillermo, con apenas nueve años de edad, entra como aprendiz en una peluquería de la calle de San Fernando, “Justo donde Perramón tiene su Taberna del gourmet”. Pero la peluquería no era lo suyo y decide cambiar de trabajo. Muy cerca de la peluquería había un bar que la censura franquista había cambiado el nombre de Internacional por el de bar Nacional. Allí entra Guillermo como aprendiz con apenas 12 años. Allí está hasta los 14 años y, superado su período de aprendiz, se coloca como camarero en el bar Consuelo, justo al lado del Mercado Central donde actualmente hay una oficina del Banco Popular. Allí está durante 14 años junto a su compañero Ramón Núñez .

Hace el servicio militar en Aviación. “El cuartel del Ejército del Aire estaba al lado del aeropuerto de Rabasa. Allí teníamos los barracones y la pista de aterrizaje. Posteriormente se instaló el Centro de Estudios Universitarios de Alicante, germen de la actual Universidad. Conoce a Francisca Beviá Marín , que vivía en el barrio de San Blas y cuando Guillermo acaba la carrera, se casa con ella en la Parroquia de María Auxiliadora del colegio de los Salesianos, en la calle de San Juan Bosco. Era el 15 de mayo de 1955.

El matrimonio se instala en la calle Pinoso donde nace Guillermo , el primer hijo; posteriormente se trasladan a la calle Velázquez y allí nace Paco y en su último domicilio de la calle Manuel Antón, nace Juan Carlos . Guillermo es médico, Paco ayuda a su padre en el bar y Juan Carlos trabaja por su cuenta. El banquete de bodas lo realizaron en el cine de verano Novedades que estaba en el barrio de San Blas y no hicieron viaje de novios. “Nos marchamos a Carolinas, a la calle Pinoso donde teníamos nuestra casa”.

En 1956, un año después de su boda, Guillermo habla con Pedro Galiano al que le llamaban El pelaílla y le propone alquilarle el bar que Pedro tenía en la calle Velázquez esquina a Juan de Herrera. Llegan al acuerdo de que Pedro traspasa el bar a Guillermo por cien mil pesetas y le alquila el local. Con mucha ilusión, Guillermo coloca en 1956 el cartel exterior: Bar Guillermo. Pedro Galiano se quedó con la explotación del bar del Teatro Principal.

Guillermo en la barra y Paquita en la cocina, comienzan a trabajar y a ser conocidos en la zona. Allí acude Rafael Sevila y el arquitecto Paco Muñoz Llorens . El salazón y sobre todo la ensaladilla son las especialidades del Bar Guillermo en aquellos tiempos. Al propio tiempo preparaban sus platos del día en el que nunca falta el hervido.

Se levantaba a las cinco de la mañana pues el Mercado Central abría a las seis y el mercadillo se instalaba en la calle de Velázquez. El negocio va viento en popa y la proximidad de Radio Alicante hace que por allí recalen José Luis Perales , Alberto Cortez , Joan Manuel Serrat , Bertín Osborne y otros artistas que pasaban por la antigua sede de la emisora alicantina. Al mismo tiempo, en la acera de enfrente se encontraba la academia de doña Juana del Toro y los alumnos solían tomar la ensaladilla en el Guillermo.

En la actualidad Guillermo se levanta temprano y acude al Mercado Central para ayudar en la compra del día.

A las nueve se sienta en su mesa del bar y con gran ceremonial comienza a decorar la ensaladilla y alguna otra especialidad. Con sus amigos, más que empleados, Emilio, Tomás, Jesús García en la cocina con Lolita Moreno como ayudante y Bea , y Duque como camarero del primer piso, disfruta hasta las 12 del mediodía que marcha a casa. “Juan, me siento a ver películas del gordo y el flaco, Stan Laurel y Oliver Hardy . Me encantan las películas de ésas épocas, Charlot y otros”.

Después de comer descansa un rato y suele volver al Guillermo a hablar con sus amigos. Esta semblanza de Guillermo ha sido especialmente grata pues tuve la suerte de acudir a la academia de doña Juana del Toro Ibarra, colaborar durante doce años en Radio Alicante y acudir al bar Guillermo casi todos los días. Todo ello en un radio de apenas cincuenta metros en una calle tan alicantina como la calle Pintor Velázquez.

 



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